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DE VERAS QUE ESTOY VIVO

La primera vez que actualizo en un Ciber, pero mis padres no tienen Internet y hace tiempo que no paso por casa. Me pongo romántico y os cuento que desde la ventana de este sitio veo la Plaza Mayor de Salamanca en todo su esplendor, como más me gusta: iluminada, dorada y mojada. Lástima que no pueda compartirlo con nadie. Desde luego, lo cursi que me pone el verano.


Cuando llegué aquí el pasado lunes me propuse estudiar y no hacer nada más, pero la resaca vacacional catalana no me deja. Tengo los horarios cambiados y sólo pienso en salir. Todavía me quedan 15 días hasta el exámen. Tengo tiempo. Quizás no. Da igual, para fracasos este año ya está el FORUM. Mi posible suspenso a su lado, una nimiedad.


Y hablando de nimiedades, y ya que no me he ido por ahí de viaje raro y caro, me he permitido el lujillo de comprarme un Ipod monísimo y blanquísimo que es desde ya la envidia de todos los que no lo tienen. Menos Valentin e Iko, creo que todos. Aunque no sé por que me da que este será el juguetito de la temporada, así que el lujo del exclusivismo va a durar poco, muy poco, ¿verdad Patata?.


Bueno, que me cierran el ciber Club. Que poquito he podido estar. En fin, mañana me conecto otra vez y os cuento todo el viaje a Barna, el de Ciudad Rodrigo, el de Valencia y el que me lleva ahora hacia la heterosexualidad. Hala, hasta mañana, corazones, corazoncitos de puas.


 

26.8.04 01:34


Soy una Joan Collins amnésica en una mala película de tarde con la cabeza dolorida y desorientada por sus continuos Flashbacks. Soy Marty McFly montando en el Delorian. Soy protagonista de un anuncio de coches. Soy un señor de 50 años viendo Cuentame. Soy un visitante provinciano y pijo al Popland. Soy un paleto  emocionado recién llegado de su pueblo. Tras casi diez años sin poner un pie allí, ayer volví de nuevo al lugar donde pasé mis primeros 8 años de vida. Un viaje de esos "emocionales" que hoy, queridos lectores, quiero compartir con vosotros para que vean lo mayor que se puede sentir uno a tan sólo un mes de cumplir 24 añitos.


 ¿El motivo de esta visita? Acompañar a mi madre en su estreno como actriz en una compañía profesional. Yo debería haberme quedado estudiando, pero la sangre, muy de vez en cuando, llama a la puerta. Además, que coño, a mí me encanta presumir de hijo de la artista. De algún lado me tenía que venir. Al grano, nen.


Primer shock. Bajar del autobús y comprobar que la estación no ha cambiado en años. Primer flashazo de infancia: mis padres, mis cuatros hermanos y yo, todos cogidos de la mano con nuestras mochilitas esperando a coger el bus para ir de visita veraniega a casa de nuestros abuelos a Salamanca. No sé por qué pero se me habían olvidado esos viajes familiares y lo emocionantes que eran porque, a pesar de ser sólo 90 km hasta la capital, para mí eran auténticas expediciones interminables en las que jugaba con mis hermanos a Willy Fog. Yo, como siempre, era Willy; mi hermana la pija Romi, mi hermano detrás de mí Rigodón, mi hermano pequeño Tico y me hermana la mayor Transfer, que con eso de ser la primogénita le molaba ser la rebelde y mala. Ventajas de ser familia numerosa. Cuando nos cansábamos de ello empezábamos a jugar a V, o a Los Osos Amorosos...


Recordando eso me acerqué a mi primera casa. Recordaba la calle más grande, no sé. Y alrededor habían construido mucho. Ningún niño estaba en la calle jugando, y la pastelería donde me daban pasteles gratis por ser el más cursi y mono de los niños estaba cerrada. Me pregunté si Chus, mi primera novia (a eso de los 5 años) seguiría por allí. Supongo que no. Eso sí, reconocí al instante el portal donde, refugiados de la guerra a pedradas con los de la calle de al lado, le hicieron la brecha a mi hermano y tuvimos que llevarle a dar puntos. Creo que todos teníamos brechas, pero el miedo que me dio ver esa sangre todavía lo tengo presente. Niños de pueblo, ya se sabe, unos brutos.


Andando me acerqué hasta la catedral y un poco más allá estaba mi colegio, hoy ya cerrado. Subí a la muralla y me asomé al patio donde un día jugando al futbol me emocioné tanto que regateé a todo el mundo desde la portería contraria y meti gol. A mi propio equipo. Pero lo importante es que metí gol. Ahora ese patio estaba lleno de hierbajos y los cristales rotos. Entonces vi la ventana por la que me asomé en el recreo en párvulos y grite "Soy un macarra, soy un hortera y voy a toda hostia por la carretera", que correspondía al aula donde mi padre daba clase a los de quinto curso. Imaginaros lo que pasó. Lástima que no pude entrar dentro para mirar las escaleras bajo las que me dí mi primer beso en la boca con un compañero de clase en Primero de EGB.


Tras eso pasé por la Plaza del Mercado, donde los martes vendían frutas y yo robaba manzanitas, y me acerqué hasta donde actuaba mi madre. Era en los cines Madrid, cerrados desde que tengo uso de razón pero donde sé que mi madre me llevó a ver ET. Yo no me acuerdo, pero siempre me dice que me tuvo que sacar porque no paraba de llorar y mis hermanas se quejaban. Ví como preparaban el montaje y me fui a dar otra vuelta. Bajé hasta mi segunda casa, andé por la cuesta de piedra (hoy ya asfaltada) donde aprendí a montar en bicicleta. Era muy pequeña, pero el día que me caí y me hice la brecha en la barbilla (a lo Harrison Ford, que guapo) parecía interminable. Allí también estaba todo cambiado. El campo de trigo ahora son chalets, la calle donde jugábamos a Fama por las tardes estaba vacía, y la fuente de manantial donde íbamos a merendar las moras ya no existía. Fue en ese momento cuando se me saltó la lágrima fácil. Vi el Puticlub "La Pradera", la estación de trenes en la que ya no para ningún tren, el parque La Glorieta donde buscábamos bajo los árboles a David el Gnomo....


Bueno, basta ya. Sé que debía haber contado mi viaje a la Heterosexualidad (lo siento, Rül), pero es que los viajes emotivos, o se cuentan en el momento, o como que no es lo mismo.

27.8.04 22:51





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